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noviembre 29, 2008

10 Mandamientos para ser buenos Padres


1. Demuéstrale lo mucho que le quieres. Todos los padres quieren a sus hijos pero ¿se lo demuestran cada día?, ¿les dicen que ellos son lo más importante que tienen, lo mejor que les ha pasado en la vida? No es suficiente con atender cada una de sus necesidades: acudir a consolarle siempre que llore, preocuparse por su sueño, por su alimentación; los cariños y los mimos también son imprescindibles. Está demostrado; los padres que no escatiman besos y caricias tienen hijos más felices que se muestran cariñosos con los demás y son más pacientes con sus compañeros de juegos. Hacerles ver que nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus acciones o su manera de comportarse será vital también para el futuro. Sólo quien recibe amor es capaz de transmitirlo. No se van a malcriar porque reciban muchos mimos. Eso no implica que dejen de respetarse las normas de convivencia.

2. Mantén un buen clima familiar. Para los niños, sus padres son el punto de referencia que les proporciona seguridad y confianza. Aunque sean pequeños, perciben enseguida un ambiente tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en su presencia, pero cuando sean inevitables, hay que explicarles, en la medida que puedan comprenderlo, qué es lo que sucede. Si nos callamos, podrían pensar que ellos tienen la culpa. Si presencian frecuentes disputas entre sus padres, pueden asumir que la violencia es una fórmula válida para resolver las discrepancias.

3. Educa en la confianza y el diálogo. Para que se sientan queridos y respetados, es imprescindible fomentar el diálogo. Una explicación adecuada a su edad, con actitud abierta y conciliadora, puede hacer milagros. Y, por supuesto, ¡nada de amenazas! Tampoco debemos prometerles nada que luego no podamos cumplir; se sentirían engañados y su confianza en nosotros se vería seriamente dañada. Si, por ejemplo, nos ha surgido un problema y no podemos ir con ellos al cine, tal como les habíamos prometido, tendremos que aplazarlo, pero nunca anular esa promesa.

4. Debes predicar con el ejemplo. Existen muchos modos de decirles a nuestros hijos lo que deben o no deben hacer, pero, sin duda, ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica. Es un proceso a largo plazo, porque los niños necesitan tiempo para comprender y asimilar cada actuación nuestra, pero dará excelentes resultados. No olvidemos que ellos nos observan constantemente y “toman nota”. No está de más que, de vez en cuando, reflexionemos sobre nuestras reacciones y el modo de encarar los problemas. Los niños imitan los comportamientos de sus mayores, tanto los positivos como los negativos, por eso, delante de ellos, hay que poner especial cuidado en lo que se dice y cómo se dice.

5. Comparte con ellos el máximo de tiempo. Hablar con ellos, contestar sus preguntas, enseñarles cosas nuevas, contarles cuentos, compartir sus juegos… es una excelente manera de acercarse a nuestros hijos y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Cuanto más pequeño sea el niño, más fácil resulta establecer con él unas relaciones de amistad y confianza que sienten las bases de un futuro entendimiento óptimo. Por eso, tenemos que reservarles un espacio diario, exclusivamente dedicado a ellos; sin duda, será tan gratificante para nuestros hijos como para nosotros. A ellos les da seguridad saber que siempre pueden contar con nosotros. Si a diario queda poco tiempo disponible, habrá que aprovechar al máximo los fines de semana.

6. Acepta a tu hijo tal y como es. Cada niño posee una personalidad propia que hay que aprender a respetar. A veces los padres se sienten defraudados porque su hijo no parece mostrar esas cualidades que ellos ansiaban ver reflejadas en él; entonces se ponen nerviosos y experimentan una cierta sensación de rechazo, que llega a ser muy frustrante para todos. Pero el niño debe ser aceptado y querido tal y como es, sin tratar de cambiar sus aptitudes. No hay que crear demasiadas expectativas con respecto a los hijos ni hacer planes de futuro. Nuestros deseos no tienen por qué coincidir con sus preferencias.

7. Enséñale a valorar y respetar lo que le rodea. Un niño es lo suficientemente inteligente como para asimilar a la perfección los hábitos que le enseñan sus padres. No es preciso mantener un ambiente de disciplina exagerada, sino una buena dosis de constancia y naturalidad. Si se le enseña a respetar las pequeñas cosas -ese jarrón de porcelana que podría romper y hacerse daño con él, por ejemplo-, irá aprendiendo a respetar su entorno y a las personas que le rodean. Muchos niños tienen tantos juguetes que acaban por no valorar ninguno. A menudo son los propios padres quienes, como respuesta a las carencias que ellos tuvieron, fomentan esa cultura de la abundancia. Lo ideal sería que poseyeran sólo aquellos juguetes con los que sean capaces de jugar y mantener cierto interés. Guardar algunos juguetes para más adelante puede ser una buena medida para que no se vea desbordado y aprenda a valorarlos.

8. Los castigos no le sirven para nada. Los niños suelen recordar muy bien los castigos, pero olvidan qué hicieron para “merecerlos”. Aunque estas pequeñas penalizaciones estén adecuadas a su edad, si se convierten en técnica educativa habitual, nuestros hijos pueden volverse increíblemente imaginativos. Disfrazarán sus actos negativos y tratarán de ocultarlos. Podemos ofrecerles una conducta aceptable con otras alternativas.

9. Prohíbele menos, elógiale más. Para un niño es tremendamente estimulante saber que sus padres son conscientes de sus progresos y que además se sienten orgullosos de él. No hay que escatimar piropos cuando el caso lo requiera, sino decirle que lo está haciendo muy bien y que siga por ese camino. Reconocer y alabar es mucho mejor que lo que se suele hacer habitualmente: intervenir sólo para regañar. Siempre mencionamos sus pequeñas trastadas de cada día. ¿Por qué no hacemos lo contrario? Si, con un gesto cariñoso o un ratito de atención resaltamos todo lo positivo que nuestros hijos hayan realizado, obtendremos mejores resultados.

10. No pierdas nunca la paciencia. Difícil, pero no imposible, Por más que parezcan estar desafiándote con sus gestos, sus palabras o sus negativas, nuestro objetivo prioritario ha de ser no perder jamás los estribos. En esos momentos, el daño que podemos hacerles es muy grande. Decirles: “No te aguanto”; “Qué tonto eres”; “Por qué no habrás salido como tu hermano” merman terriblemente su autoestima. Al igual que sucede con los adultos, los niños están muy interesados en conocer su nivel de competencia personal, y una descalificación que provenga de los mayores echa por tierra su autoconfianza. Contar hasta diez, salir de la habitación…, cualquier técnica es válida antes de reaccionar con agresividad ante una de sus trastadas.En caso de que se nos escape un insulto o una frase descalificadora, debemos pedirles perdón de inmediato. Reconocer nuestros errores también es positivo para ellos.

Tomado de la revista BABY

noviembre 28, 2008

Es duro pero no imposible


Esta es una historia basada en hechos reales:

De todo corazón espero que esto que escribo acerca de mi niñez le sirva a algún padre o madre que tenga la oportunidad de leerlos.

Hay cosas que me he olvidado y otras siguen en mi memoria tan vivas que aún sigue creando estragos en mi vida…

Lo que mas recuerdo es que en repetidas ocasiones lloraba mucho y no podían tranquilizarme por lo que optaban por sumergirme en un balde de agua helada las veces necesarias hasta que pensaran que había sido suficiente, pero solo tenía 4 años.

Con el pasar de los años y lo que posiblemente marcó mi vida fueron los brutales golpes y horribles palabras que mi padre le propinaba a mi madre, fui testigo de horrendas escenas de sangre y hematomas, pedíamos auxilio a mi abuelita que vivía en la planta alta, los vecinos siempre nos estaban socorriendo. Siempre deseábamos que no vuelva a suceder pero no cesaron los golpes, un día descubrí uno de los motivos, mi padre era infiel, y me enteré porque estuve presente en una discusión que tuvo mi madre con la otra mujer. Todo esto generó en su separación, mi madre, una mujer que no tenía educación, no sabía como mantenernos, por lo que pasábamos en las casad e nuestras tías, nos portábamos con rebeldía por lo que decidió dejarnos con nuestro padre. Mis calificaciones en la escuela y colegio fueron terribles, todos los días al llegar la noche mi padre solo nos preguntaba si habíamos hecho los deberes, luego de los cual se bañaba y se perfumaba para salir y amanecerse, por supuesto que nos dejaba encerrados en la casa, mi hermanito tenía 3 y yo 6 años, pasábamos llorando toda la noche.

Después de todo esto mi madre volvió con nuestro padre, y el ciclo se repetía, cada vez que mis padres regresaban salía embarazada, al final tuve 2 hermanitos mas.

Alrededor de mis 14 años, no soporté mas ver a mi padre borracho que le pegaba y la arrastraba a mi mamá, al tratar de defenderla, desahogó toda su furia contra mi, una golpiza que jamás había probado en mi vida, pero mi satisfacción era la de haber podido defender a mi madre. Asi mismo en otras ocasiones quiso pegarle con una escoba y tuve que lanzarle una silla, por lo que me siguió y al agarrarme me golpeó con la tapa de un motor y me partió la cabeza, a lo que reaccioné con un puñetazo en su ojo, luego fui a refugiarme a mi casa, pero él rompió la puerta, entonces mi hermano que ya estaba joven y fuerte le rompió la nariz a nuestro padre, tuvimos que huir de nuestra casa por 3 días. Y así se repetín las agresiones una y otra vez y huíamos ya no por tres días sino por semanas.

En ese lapso de tiempo que huíamos conocimos “amigos” que tenían los mismos problemas que nosotros, por lo que nos poníamos a beber, a drogarnos y salir con mujeres, se agravaba la cosa ya que tuvimos problemas con la ley por violencia callejera y estuvimos presos.

Consecuencias:

Conocí a una buena mujer con la que me casé y tuve mi primera hija, empezamos a tener problemas y me empecé a comportar como mi padre, la insultaba, le gritaba, peleábamos y la golpeaba, ella fue mi mejor amiga, hoy no que quiere ni ver, no la culpo pues merezco su indiferencia y hasta su desprecio. A mi hijita jamás le pegue, no quise hacer con ella lo que hicieron conmigo. Ella sigue siendo mi princesita… hace unos días partió con mi ex esposa a España.

Gracias a Dios conocí una maravillosa mujer, con la que tengo un varoncito, lucho a diario para no caer en la violencia a la que he sido acostumbrado. La amo y estoy haciendo mi mejor esfuerzo para romper esas cadenas de violencia y si en el pasado tuve problemas de conducta, hoy quiero ser feliz y darle a mi familia una vida diferente a la que tuve. Es duro pero no imposible.

Análisis:

Cuantos casos como este existirán? La sociedad se ha degenerado justamente porque a los niños que son los futuros adultos se los ha criado con la vara. Los hijos hacen lo que ven hacer a sus padres, esto es un hecho. En este caso anterior, lo mismo que hizo el padre lo hizo el hijo con su esposa. En consecuencia, se destruyen hogares ya que las cicatrices del cuerpo desaparecen, pero las cicatrices del corazón son permanentes.

ver cuadro de tipos de violencia

noviembre 27, 2008

Pensabas que no estaba mirando


Cuando pensaste que no estaba mirando,
pegaste mi primer dibujo en la puerta del refrigerador y yo decidí hacer otro.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
alimentaste a un gatito callejero y supe que debía amar a los animales.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
me hiciste un pastel de cumpleaños solo para mi y supe que los detalles mas pequeños son los mas grandes.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
oraste y yo creí que siempre había un Dios con le que siempre se podrá hablar.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
me diste un beso en la frente y yo me sentí amada.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
vi lágrimas brotar por tus ojos y supe que cuando sentimos dolor está bien llorar.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
sonreíste y quise verme tan bella como tú.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
me alentaste y yo quise dar lo mejor de mi.

Cuando pensaste que no estaba mirando,
yo miré y quise agradecerte por todas las cosas que hiciste cuando pensaste que no estaba mirando.

"Los detalles, las expresiones de amor y nuestra preocupación por ellos es el mejor legado que le podemos dar a nuetros hijos, talvez pensemos que ellos no se dan cuenta, pero nuestros hijos observan hasta el mínimo detalle e incluso lo sienten. Enseñemos con el ejemplo."

noviembre 25, 2008

Siempre tuve un sueño


Esta historia está basada en hechos reales:
Siempre tuve un sueño, algún día tomarnos una foto con mis padres ya viejitos y con mi futura familia. Pero de un momento a otro con el pasar de los años, cuando tenía alrededor de 12 años, comencé a ser objeto de ultrajes por parte de mi padre, realmente sentí que no le agradaba, me increpaba con epítetos como: soy una bestia, no tengo nada en el cerebro, no sirvo para nada. Todo esto en base, me imagino, a que no sacaba buenas calificaciones, tenía problemas de conducta en la escuela y el colegio.

Recuerdo dos ocasiones bien marcadas en las que posiblemente me porté mal, la primera, me persiguió para pegarme y como me encerré en el baño y no podía agredirme, se fue a la cocina a buscar un insecticida para rociarlo debajo de la puerta del baño, tuve que poner la toalla debajo de la puerta para evitar inhalarlo, ese día no dormí en mi cama, me quedé dormido en el baño. La segunda, me persiguió para pegarme y como me escondí debajo de la cama comenzó a saltar sobre ella, con la intención de que se desbaratara para aplastarme, objetivo que cumplió, mas no dejó de saltar.

Mi madre siempre estuvo sometida a mi progenitor, nunca me defendió, hacía y creía todo lo que él le decía, incluso en sus infidelidades, siempre le llevaba un regalo y con eso callaba cualquier reclamo por parte de ella, parecía “feliz”, aunque nunca sonreía. Cuando se quejaba de algo él le decía que debíamos de estar contentos ya que no nos faltaba nada, teníamos comida, una casa donde vivir, todos los juguetes que quisiéramos y una buena educación. Ella no terminó su educación secundaria, porque él le decía que para que terminaría sus estudios si siempre iban a estar juntos y no le faltaría nada. Si bien es cierto que nunca la maltrató física ni verbalmente, pero el peor maltrato de todos ocurría, el psicológico y el emocional, ya que nos hacía sentir a todos inferiores a él, no le gustaba que nuestra madre se relacione con sus amigas, les ponía mala cara y a ella la hacía sentir culpable.

La pelea final en la que mi madre se cansó de todo lo que pasaba fue interesante ya que mi padre se hizo la victima y culpó a mi madre de la separación y me puso en la disyuntiva de escoger quedarme en casa con mi madre o irme con él, por supuesto que a él no le interesaba estar conmigo, solo lo decía para quedar bien, naturalmente preferí quedarme con mi madre.

Tal vez el momento más feliz de mi vida fue justamente ese, la separación de mis padres, todo el tiempo que vivimos con él no podíamos relacionarnos con los niños del vecindario, nunca salíamos al parque y nunca conversábamos.

Mi padre es un profesional de mucho prestigio, que ha ocupado muchos cargos relevantes dentro de la ciudad. Y con esto quiero repetir las palabras de Manterola: “la violencia a los niños no es un mal de la opulencia ni de la carencia, sino una enfermedad de la sociedad”.

Nunca podré quejarme por las cosas materiales que teníamos pero definitivamente siempre nos faltó AMOR.

Consecuencias:

Dejé de relacionarme con mis compañeros de la escuela y el colegio, me acostumbré a no salir de casa, por ende no me salía a divertir tan seguido, a veces me levantaba enojado y pasaba molesto todo el día, me sentía culpable del divorcio porque mis abuelitos y tíos siempre justificaron a mi papá porque yo era malcriado.

Al casarme a los 25 años hubo cierta indiferencia de mi parte, quería imponerme a mi esposa solo con la mirada, creando en ella un temor, temor que ella manifestó un día que conversábamos sobre nuestra relación. Poco a poco fui aprendiendo a ser un buen esposo y luego como padre, ya que con mi primera hija fui un poco indiferente también, pero con la ayuda de mi esposa fui aprendiendo a ser un buen padre. Hoy, 26 años después, este joven sigue casado, ama a su esposa y adora a sus tres hijos y dice dos cosas importantes: “siempre le daré a mis hijos ese amor que no recibí, al comienzo no fue fácil pero con la ayuda de mi esposa lo estoy consiguiendo, aunque no puedo darles las cosas materiales que si me daba mi padre, pero los lleno de abrazos, caricias y palabras de amor, y espero cumplir mi sueño en el futuro junto con mi esposa ya viejitos tomarnos una gran foto con nuestros hijos y nietos”.

Análisis:

Si bien es cierto que en este caso no hubo golpes a los hijos, pero había ese problema emocional de tratarlos con indiferencia, ya que es difícil dar algo que no recibiste, como lo es el amor.

La fuerza de voluntad y el deseo de que las cosas sean diferentes han contribuido para que las relaciones sean buenas.

Aprender a amar es la prioridad, ya que en el día a día uno debe aprender a ser esposo y aprender a ser padre.

noviembre 24, 2008

Para saber si tiene la tendencia a ser violento, todo esposo y padre debería hacerse las siguientes preguntas:

“1. ¿Critico a los integrantes de mi familia más de lo que los elogio?

2. ¿Insisto en que los miembros de mi familia me obedezcan porque soy el padre o esposo?

3. ¿Busco la felicidad en mi trabajo o en alguna otra parte más que en mi hogar?

4. ¿Se sienten mis hijos renuentes a hablarme con respecto a sus maneras de pensar y sus preocupaciones?

5. ¿Afianzo mi posición de autoridad mediante la disciplina o el castigo físico?

6. ¿Establezco y pongo en práctica un gran número de reglas a fin de dominar a mi familia?

7. ¿Parecen tenerme miedo los miembros de mi familia?

8. ¿Me inquieta la idea de dividir con otros miembros de la familia el poder y la responsabilidad de tomar decisiones?

9. ¿Depende mi esposa totalmente de mí y es incapaz de tomar decisiones por sí misma?

10. ¿Se queja mi esposa de que no tiene fondos suficientes para administrar las necesidades del hogar porque yo llevo el control de todo el dinero?

11. ¿Me enfado con facilidad y critico frecuentemente a los integrantes de mi familia?

“Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es afirmativa, es necesario que evaluemos nuestra relación con los miembros de nuestra familia".